Sonrisas


No recuerda cómo comenzó. Fue en aquella época, cuando estuvo "de médicos" por esa paliza sin importancia que le dieron al salir de la discoteca. Ya sabes, traumatólogos, oftalmólogos, neurólogos... en una de esas salas de espera donde uno aguarda catorce horas hasta que, por fin, el especialista decide dejar de fumar a escondidas y continuar las consultas. 

Allí lo vio por primera vez. Un viejo decrépito sonriéndole sin parar. Mirase donde mirase, sentía su sonrisa calva y mellada. Su sonrisa densa, espesa, apretada. Estaba en todas las citas a las que acudía, en todos los especialistas, en todos los hospitales de la ciudad, a la misma jodida hora que él. Allí, sonriéndole, sin hacer nada más.

Cuando el neurólogo le dio la mala noticia, entendió por fin quién coño era ese jodido viejo decrépito. Y él también le sonrió.

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