Pasivo-Agresivo


Paco era un tipo muy nervioso, se atacaba por todo sin motivos y en seguida perdía la calma cuando se encontraba con un problema. A veces era por cosas tan efímeras como que su equipo perdiera, que la gasolina subiera unos céntimos, o haber tenido una discusión en el trabajo. Cosas que cualquier persona hubiera solucionado fumándose un cigarrillo y dándose un paseo.

Un día decidió ir a un psicoanalista muy famoso que le recomendó Manolo, el del bar. Eran sesiones carísimas, y tuvo que pedir un préstamo interesante. Después de muchos meses en terapia, cuando ya se le estaban acabando los fondos, descubrió algo que cambiaría su vida y le haría tener todavía menos dinero: era fumador pasivo-agresivo.

Desde pequeño, su padre no había parado de fumar delante de él. Se había hecho ventrílocuo solo para no dejar de fumar al hablar. Siempre tenía un pitillo en la boca, hasta duchándose, tal era su habilidad. Y todos esos cigarrillos hicieron al niño fumador pasivo, que creció sin saberlo.

Desde que lo descubrió, Paco vive en la más completa tranquilidad, nada le perturba si tiene una cajetilla con él. Ahora los problemas parecen mucho menores y no le alteran en absoluto, incluido su recién diagnosticado cáncer de pulmón.



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