Restauréncer


No era uno de los mejores restaurantes de la ciudad, pero se había puesto de moda por ser el primero exclusivamente para las personas influyentes, más conocidos como "influencers". 

Allí, uno podía ir vestido como le diera la gana. Los había que iban en chándal de los años ochenta, otros con pajarita, y algunos con la pájara de la noche anterior, sin poder tenerse en pie. 

Tanto daba, las únicas normas eran las siguientes:

-Uno debía, como mínimo, disponer de 50.000 seguidores histéricos. Dato que era verificado por un asistente de bienvenidas en la puerta. Si le parecía correcto, facilitaba una pulsera con forma de "me gusta" que uno debía atarse en el pene o en el pecho izquierdo.

-Una vez dentro, era OBLIGATORIO estar emitiendo en directo durante toda la visita. Un equipo de "staff" se encargaba de verificar en vivo las cuentas de los influyentes. Si se descubría que algún comensal había parado de emitir para disfrutar de la comida, se le expulsaba del local de inmediato. Tolerancia cero con los vagos.

Nosotros todavía no hemos podido asistir, porque acabamos de comenzar este blog. Esperamos poder probarlo para 2040.

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