Perturbándose


Formaban una pareja diferente. Se dedicaban a ir a los parques y jardines a mirar fijamente a los voyeurs que pululaban por la zona. Se sentaban en un banco próximo a él y entonces empezaban a acariciarse, sin dejar de mirarlo, muy despacio, con mucha atención.

El voyeur bajaba el periódico, al principio desconcertado y perplejo, y luego sobrecogido. ¿Acaso no era ese su sueño profesional? ¿No debería él hacer lo mismo y disfrutar del momento? 

Pero no pudo. Sintió repentina vergüenza de sus partes pudendas en el punto de mira de aquellos ojos atentos, exigentes, de aquellas sonrisas lascivas. Se sintió violado.

Arrugó el periódico y se marchó veloz. Sin mirar atrás.

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