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Mostrando entradas de abril, 2022

 

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Lo que anunciamos de Polvos Rápidos te sorprenderá

Muy a nuestro pesar, nos vemos obligados a tomar la decisión de no cerrar Polvos Rápidos.  Lamentablemente, cada nueva entrada está teniendo una gran aceptación. En primer lugar, por la parte que nos toca como autores (aproximadamente un 33,3333%, según un periódico habano). Y, en segundo lugar, por vuestros comentarios, que han sido muy calurosos en todo momento. Ojalá pudiéramos decir que esto no funciona, comprar una pala guarra en el chino, ir a un descampado, y enterrar el blog de forma miserable (y ponerle cemento encima, por si quisiera salir). Ojalá pudiéramos montarlo en el coche, decirle que vamos a Disneyland, y dejarlo en la primera cuneta que nos encontrásemos. Sin abrigo. Ojalá pudiéramos pedirle a J.J. Abrams que le dirigiera una secuela cinematográfica. Sabemos que es duro seguir leyendo tamañas estulticias y descomunales deyecciones. Pero todo esto lo hacemos por incrementar el número de impresiones publicitarias, y por rascar un cero más en la cuenta de beneficios. Y

Por un puñado de Fichas del Casino

Recaredo y Venancio eran muy buenos amigos. Se entendían en casi todos los temas posibles, y en aquellos en los que no, aparecía un respeto mutuo que impedía la discordia. Tenían hasta un jodido saludo propio, consistente en darse un apretón de manos haciendo un malabarismo con la derecha. Habían sido capaces de superar, incluso, la última frontera de la amistad sin despeinarse: dejarse dinero. Y devolverlo a tiempo. Tal era su confianza. Pero algo les corrompió. Algo inesperado y funesto. Fueron al Casino Apócrifo de Matagritones. Era su primera vez en un casino de ese tipo. Adquirieron cada uno un paquete de Fichas del Casino para empezar a jugar. Decidieron separarse, e ir probando los juegos disponibles. Venancio pronto empezó a tener mala suerte, sus fichas bajaban muy rápido. Recaredo, en cambio, no solo consiguió mantenerse, sino que comenzó a duplicarlas.  En un momento dado, Venancio, codicioso y con los ojos inyectados en ludopatía, se acercó a Recaredo para comprobar cómo ib

Silencio

Una inquietud me recorrió el estómago cuando la radio se silenció de repente. Las voces callaron, y fuera solo se oía el viento arrancando notas disonantes de los árboles.  Ya está, ya ha ocurrido: El Apagón, el Colapso humano. Fui girando el dial de la radio a tope, pero no encontré ninguna emisora. Todo era silencio radiofónico. Hasta que reparé en que el piloto rojo de encendido no estaba activado. Qué susto… eran las pilas. Las jodidas pilas… Saqué un paquete de pilas nuevas del escritorio y se las cambié. Encendí la radio y la luz roja se reflejó en mi rostro. Recorrí de nuevo el dial, y esta vez nada me hizo dudar que estaba escuchando el espantoso silencio de la civilización.

La Luz

Una luz roja parpadeaba en el octavo piso del edificio. Una luz roja, densa y epiléptica.  Parpadeaba todas las tardes al anochecer. La hora iba cambiando conforme los días se hacían más cortos. Pero el color y la frecuencia no variaban. La gente decía que después del fallecimiento de la vieja que vivía en el apartamento, se habían metido okupas que hacían rituales turbios. Otros decían que la vieja realmente nunca se había marchado, y que en el cristal rojo se reflejaban los crucifijos de la parroquia. Yo, que nunca me he creído las supercherías de la gente, decidí subir a preguntar.  Yo, que siempre me meto donde no me llaman, descubrí que aquella espantosa luz roja, densa, epiléptica, era totalmente real.

Ladrones posmodernos

Eran ladrones de guante blanquísimo, impoluto. Ladrones pacíficos, contrarios a la violencia. Entendían el robo como un arte, y decían lo mismo que todos los artistas: "también hay que comer". Asaltaban a las viejas por la calle cortándoles la correa del bolso con unas tijeras, sin tirón: una sutileza. La vieja en cuestión no se daba ni cuenta hasta llegar a la frutería.  Otras veces entraban a las cámaras de los bancos disfrazándose de personalidades políticas, y también impartían cursos de autoayuda, liderazgo e inversión en criptomonedas (a los pocos alumnos que conseguían ganar bitcoins también se los robaban, por si acaso). Era el robo posmoderno.  Por lo demás, era gente corriente, tenían 2,1 hijos por mujer, se comían mucho las uñas y estaban intentando dejar de fumar con métodos novedosos.

Exclusivamente en cines

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"Exclusivamente en cines" es lo que ponen ahora en el tráiler de alguna película. Pero hombre... ¿qué es esto de esperar unos meses para que una jodida peli sea lanzada en las plataformas online? A mí me la pones en streaming ya de ya de ya de ya. Porque, en el fondo ¿para qué vas a pagar 8 o 10 eurazos por verla si ya está en Nerflis? Se creen que somos tontos, hombre. Yo ya pago la suscripción compartida entre 12, como para encima pagar más por verla en el cine. Y que me tosan allí, o algo. Además, me acabo de comprar un televisor de 146 pulgadas, que me lo tuvieron que subir los mozos por la ventana con un polipasto porque no cabía en el ascensor, y tuve que tirar un tabique en el salón para poder encajarlo. ¿Para qué iba yo a querer ir al cine? En mi casa estoy mucho más a gusto, y puedo parar la peli cuando quiera. Aunque yo soy más de series, también te digo.  Por ejemplo, si me estoy meando, o me hablan por el insta. Pues la paro un momentín, no me jodas. Voy a estar y

Autónomo

Manolo siempre soñaba consigo mismo. Mientras que el resto de los mortales tiene pesadillas con cosas externas, como caídas kilométricas, persecuciones de payasos asesinos, o plagas de insectos, Manolo soñaba que se sentaba en una silla enfrente de su cama a mirarse a sí mismo. Nada más. Una y otra hora (en temporalidad onírica, se entiende) allí sentado, admirándose. Atento a cada pequeño movimiento, a cada espasmo, a cada sonrisa infundada. Noche tras noche. Llegó un día en el que Manolo no se despertó. Se quedó allí, sentado en la silla, sin poder dejar de mirarse. Para siempre.

Entrevista para La Lámpara de las Letras #2

Segunda parte de la entrevista que concedimos a La Lámpara de las Letras. Puedes leer la primera parte aquí . La Lámpara de las Letras: ¿Cuántas cosas del día a día os inspiran para escribir las entradas?  Polvos Rápidos: Nos imaginamos muchas tonterías, algunas las vamos compartiendo, pero la mayoría nos las guardamos, es algo que se lleva en silencio, como las hemorroides. Algunas veces están basadas en hechos reales, como aquella vieja que paseaba al perro con una correa de 30 metros. Uno sabe cuándo un tema puede tener futuro, es una especie de intuición intestinal.  LL: ¿Una intuición intestinal? [Risas] PR: [Más risas] Cuando éramos niños podíamos ser muy tocapelotas haciendo trastadas, pero uno escogía ciertas cosas antes que otras, como si el niño tuviera cierta intuición de lo que va a joder más. Pues esto es algo parecido, se nos ocurren cosas jodidas en ciertos momentos, en bares de alterne, en funerales, al ver cruzar la calle a una vieja, o delante de la familia. No se pue

Tres meses de Polvos

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Parece que fue hace 90 días... Hoy cumplimos tres meses desde aquella lejana primera entrada, un "Hello World" del que no sabíamos muy bien qué esperar. Seguimos sin saber qué diantres es esto, pero queremos agradecer vuestro incansable apoyo leyendo y aguantando nuestra dosis cuasi diaria de estolidez. Cuando íbamos por la entrada 50 nunca pensamos que fuéramos a llegar a la 54. Y aquí estamos. Sin vosotros y vuestros clics compulsivos, nada de esto podría ser posible. Ha sido un trabajo muy duro, sin poder ver la luz del sol, pero ha merecido la pena por echaros todos esos Polvos. Gracias. Uno más, y lo dejamos.  Oficina.jpg

"De Buenrro"

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Hoy nos encontramos con un restaurante-pub extremadamente comprometido a ofrecer una experiencia grata al cliente. Su norma número 1 es: "Aquí hay buen rollo". Higinio, el gerente, se encarga personalmente de ello. Según ha declarado en nuestra entrevista: "vaya si me encargo, por mis cojones". Os dejamos un fragmento. Pregunta: ¿Qué hace especial a "De Buenrro"? Higinio: Pues mira, te lo voy a decir en [cuenta con los dedos] cinco palabras. "Aquí se tiene buen rollo". Las mierdas te las quedas en tu casa, que te aguante tu padre. Aquí se viene llorado, cagado y follado. Y si alguien quiere jaleo, yo le acompaño a un aula especial que tenemos para impartir cursos intensivos. P. Vamos, que no os andáis con tonterías. ¿De dónde surgió este concepto? Higinio: Pues mira, te lo voy a explicar. La gente está muy tonta últimamente con el rollito de la pandemia, las mascarillas, el aceite de girasol y toda esta historia, y muchos chavales salen a liar p

Cambios

Los tiempos están cambiando. Llevan mucho haciéndolo, pero me di cuenta de ello el día en el que le pidieron matrimonio a Elena a través de un juego online, con un anillo digital por el que habían pagado una fortuna analógica. Una fortuna analógica de diez mil euros.  Por un anillo digital. Dijo que sí. 

Madurez

Un grupo de tres viejos y una vieja charlando en un bar. Hablan de achaques, de dolores, de los nietos, de montar en bicicleta o practicar sexo esporádico.  Llama la atención un detalle: quieren demostrar quién está menos jodido de los tres. Uno se jacta de que solo le duele la cadera cuando cambia el tiempo, otro alardea de haber tenido sexo un par de veces este año, y el tercero de haber sido operado solo cuatro veces.  Los jóvenes compiten por demostrar quién es el más fuerte del grupo, delante de otra joven (más joven). Los viejos compiten por demostrar quién se morirá más tarde, delante de otra vieja (menos vieja).

Héroes locales

Le tocó la lotería. No era mucho, un sexto premio, apenas una minucia quitando el pellizco de Hacienda. Pero estaba muy contento, pletórico, era la primera vez que le tocaba algo, y había que celebrarlo. Se montó en el metro, sacó su bono de viajes recién recargado e invitó a todos los pasajeros de la parada. Un aplauso estalló en el interior del vagón, mezclándose con los pitidos estridentes e inconfundibles del lector de tarjetas. El sonido de un héroe local.

Artillería

Entré en la calle con todo el valor que pude reunir, sin dejar de mirar arriba, temiendo otra andanada. Tenía que llegar hasta mi casa como fuera. Era imposible recorrer tranquilo la ciudad, estaban por todas partes, y podían caer sobre ti en cualquier momento, sin avisar. Me invadió el pánico en los primeros diez metros, y eché a correr. Era un suicidio, no lo iba a conseguir. Creí ver uno en la lejanía, sobrevolando la zona. Y entonces, ocurrió. Con lo jodidamente cara que está la factura de la luz, otra puta camisa blanca a la lavadora. Algún día perderé la cabeza y compraré una escopeta, la cargaré con la mierda más densa que pueda cagar, y asesinaré sin piedad a todos esos malditos pájaros desgraciados.

Cómo dejar de fumar

En honor a J.R. Se hizo millonario con una técnica revolucionaria para dejar de fumar. Antes que él, un sinfín de médicos e hipnotizadores lo habían intentado sin éxito. Pero la clave no estaba en caros tratamientos con la última tecnología láser, ni tampoco en los parches de nicotina con superglue que desmembraban a la persona si decidía abandonarlos. Solo era necesario contar con un amigo dispuesto a colaborar en el tratamiento. Cada vez que se encontraba en una situación de extrema ansiedad fumadora, su compañero le proponía salir a fumar "en cinco minutillos", en un interminable bucle nolaniano .  La solución siempre estuvo al alcance de todos, pero fue él quien la descubrió: dejar de fumar pensando que va a fumar. De esta forma lograba aguantar sin nicotina noches enteras de ocio. Casi podía palpar ya el cigarro, casi podía encenderlo y darle una sonora calada en formato beso. Pero no había de qué preocuparse, porque iba a fumar "en cinco minutillos".

Un altavoz de nueve milímetros

Llegó a Urgencias con 40 de fiebre, sudando, temblando más que una guitarra eléctrica. Le tomaron nota y le indicaron que pasara a la sala de espera. "A la sala de desespera", pensó, a la cuarta hora sin ser atendido. A la quinta hora, increpó al celador. A la sexta, formó un altercado con el guardia de seguridad. A la séptima sacó su revólver Smith & Wesson 60 de 9mm y secuestró el hospital. En el calabozo, el médico le atendió a la media hora. Y consiguió bajarle la fiebre. 

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