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Mostrando entradas de octubre, 2022

Que empiece ya

Os voy a desvelar un truco para leer libros aburridos. Se trata de empezarlos por la página 99.  Hay una teoría de un filólogo de cuyo nombre no deseo acordarme, que viene a defender que las tramas ya están bien engrasadas para esa página y "se ha entrado en materia". ¿Y si hiciéramos lo mismo con todo en la vida? Podríamos tener nuevos amigos "ya empezados" con los que disfrutar de la confianza de mandarlos a tomar por culo, o dejarlos esperando una hora.  Podríamos comenzar una relación amorosa diciendo abiertamente que vamos a cagar, y suprimir los regalos y las cenas caras. O llegar a un trabajo nuevo e instalarte el WhatsApp Web en el ordenador. También podríamos empezar a escribir este Polvo diciendo: "¿Y si hiciéramos lo mismo con todo en la vida? Podríamos tener nuevos amigos "ya empezados""   Todos nos ahorraríamos mucho tiempo y esfuerzo en gilipolleces, pensadlo.  Pero pensadlo rápido.

Jodidos bichos

Jodidos bichos que se cuelan por las ventanas. No entiendo cómo logran escalar tantos metros sin poder volar. El otro día tuve que cargarme a uno de los grandes que entró por la terraza. Lo descubrí de casualidad cuando corría hacia la despensa. No me quedaba espray, así que tuve que pisarlo. Bien sabe Dios que detesto matarlos así, crujen de esa forma tan asquerosa y sueltan un líquido repugnante, pero no tenía alternativa, no podía dejar que ese bicho rondara por ahí. Lo pisé con todas mis fuerzas, y al levantar la garra tuve que reprimir una arcada que me llegó hasta el hocico. Una de las dos extremidades inferiores  — las que utilizan para correr —  se le había separado del cuerpo, manchándolo todo de ese líquido rojo tan repulsivo. Jodidos bichos.

El gimnasio más famoso de la ciudad

Era un gimnasio diferente, y no por mero azar había llegado a ser el más famoso, el sitio de moda entre la gente de todas las edades. Su secreto residía en la manipulación de los pequeños detalles, casi imperceptibles para un ojo desentrenado. Nada más entrar, la fragancia del establecimiento inundaba las pituitarias. Había sido diseñada por una prestigiosa firma de perfumes, incluyendo una ligera nota de carne a la parrilla que desencadenaba una culpa inconsciente en los clientes por la comilona del día anterior. Culpa que había que transformar en ganancia, por supuesto. En la sala de culturismo, todos los pesos de las máquinas habían sido trucados para que mostrasen más kilos de los que realmente se estaban levantando, con el fin de aportar un extra de motivación. Claro que algunas personas no necesitaban esa pequeña ayuda y terminaban levantando la propia máquina en volandas. Pero la argucia definitiva se encontraba en cada rincón, era imposible escapar de ella. Habían instalado es

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