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Estático


Hay momentos en los que ser demasiado bueno en tu trabajo se convierte en un problema. Un problema grave. Eso es lo que le ocurre a Abelardo, mimo callejero. 

Abelardo soñaba desde que era un niño con llegar a ser el mejor mimo de la Calle (así, en mayúsculas). Para ello, acudía todos los viernes a la plaza del pueblo y practicaba sus números artísticos, en los que adoptaba posturas inverosímiles y se quedaba todo lo quieto que podía. La mayoría de las veces acababa cayéndose y todo el mundo se reía de él, mientras los otros chavales le pateaban en el suelo.

Hasta este momento, culmen de la carrera de Abelardo. Lleva veinticinco minutos completamente quieto en la calle principal de la ciudad, fingiendo ser un soldado de alguna película. Lo hace tan bien que nadie repara en él, nadie sabe que existe. Ni una risa de cortesía, ni una mísera moneda en la gorra.

Todo en él parece auténtico: el casco militar, la pintura verde de la cara, la ropa de camuflaje, el AK-47. Especialmente el AK-47, cuya detonación suena como un fusil de verdad, cuyos proyectiles dan la impresión de salir a 715 metros por segundo, cuyos 60 disparos parecen desplomar a todos los viandantes, como si quisieran quedarse tan quietos, tan estáticos como Abelardo.

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