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Mostrando entradas de diciembre, 2022

 

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Desenmascaradas

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Observe atentamente esos ojos que le miran, casi inertes, pero al acecho. Observe esas patas peludas, larguísimas y finas, que podrían corretearle por la nuca en este mismo instante con su cara como destino. Imaginamos que ya habrá deducido usted a qué insecto pertenece esa mirada pertinaz. No es un arácnido, ni es venenoso, y su peligrosidad es nula (al menos, para el  Homo sapiens ). Se trata de una simple mariposa, fotografiada de tú a tú, en su mismo idioma. Seamos francos, por muchos colores y patrones de bellas formas que tengan en sus alas majestuosas, las mariposas son jodidos bichos, camuflados con un velo de fantasía, blanqueados por el cine y los dibujos animados. Pero ¿qué ocurre si les arrancamos esa capa de ostentosa pintura, de bisutería insectil? Que se convierten en polillas mundanas y mediocres. Las mariposas son el ejemplo perfecto de la superficialidad. Si no tuvieran esos adornos, a nadie le gustarían. Uno se las sacudiría con un gesto de asco, como si fueran mosca

No te fíes ni de tu sombra

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Los telediarios habían anunciado el paso de un cometa próximo a la Tierra que solo era posible avistar cada varios miles de años. No sabemos quiénes fueron los desgraciados que lo presenciaron antes que nosotros, en los albores de la civilización, pero esa noche del 25 de diciembre, sorprendentemente cálida, todo el mundo se echó a la calle para asistir al regalo de Navidad que nos enviaba el universo. Pudo contemplarse en gran parte del hemisferio norte. Casi 7 minutos resplandeciendo en el firmamento como si fuera un meteoro de colores, iluminando a todo el que alzaba la vista y proyectando inquietantes sombras nocturnas en los espectadores. De improviso, se extinguió, y la noche se decoloró con un negro umbroso y opaco que contrastaba con toda la luz que lo había precedido.  A la mañana siguiente, el Sol reveló la maldición que había llegado desde los confines del espacio. En cuanto se derramaron los primeros rayos, los más madrugadores descubrieron que su sombra se separaba de ello

El momento más vulnerable del día

¿Cuál es el momento más vulnerable del día? ¿Durmiendo? ¿Sentados en el retrete? No, señor. El momento más vulnerable de la jornada reside en la ducha, en el baño matutino o vespertino. La ducha es la ocasión perfecta para que un "malvado asesino psicópata serial a sueldo" penetre en nuestra vivienda sin que nos enteremos, deambule por la casa y finalmente irrumpa en el cuarto de baño con un cuchillo de nuestra propia cocina. Un cuchillo que, casualmente, afilamos la semana pasada hasta poder cortar átomos. ¿Qué haría usted? Piénselo. Está chorreando, y, como de costumbre, se le ha olvidado poner la toalla para los pies. Es más probable que muera a manos de un guarrazo al resbalar que por el propio "asesino a sueldo serial psicópata". A menos que usted sea James Bond, es imposible pelear mojado (no digamos ya con champú en los ojos). Somos una especie de pastilla de jabón con piel, y estamos totalmente desnudos. No solo perdemos la solemnidad que aporta una buena c

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