El momento más vulnerable del día


¿Cuál es el momento más vulnerable del día? ¿Durmiendo? ¿Sentados en el retrete? No, señor. El momento más vulnerable de la jornada reside en la ducha, en el baño matutino o vespertino.

La ducha es la ocasión perfecta para que un malvado asesino psicópata serial a sueldo penetre en nuestra vivienda sin que nos enteremos, deambule por la casa y finalmente irrumpa en el cuarto de baño con un cuchillo de nuestra propia cocina. Un cuchillo que, casualmente, afilamos la semana pasada hasta poder cortar átomos.

¿Qué haría usted? Piénselo. Está chorreando, y, como de costumbre, se le ha olvidado poner la toalla para los pies. Es más probable que muera a manos de un guarrazo al resbalar que por el propio asesino a sueldo serial psicópata.

A menos que usted sea James Bond, es imposible pelear mojado (no digamos ya con champú en los ojos). Somos una especie de pastilla de jabón con piel, y estamos totalmente desnudos. No solo perdemos toda la solemnidad que aporta una buena camisa, sino que, además, todos los tajos de ese cuchillo darán en el blanco sin capas intermedias. Ni un mísero cinturón con el que poder improvisar una defensa, nuestro cuerpo sería como un abrefácil, lleno de indicaciones de "corte por aquí".

Aquí no hay spoilers, usted moriría. Y yo también. No porque el serial malvado asesino fuera infalible (que no lo es), sino porque ha tenido la suerte de encontrarnos en el momento más vulnerable del día. 

En la jodida ducha.

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