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Síndrome FOMO


Me ha dicho mi agente de viajes que tengo síndrome FOMO (fear of missing out). Un término raro que se inventaron los loqueros a principios del siglo XXI para describir a la gente que padece ansiedad por estar perdiéndose "algo". 

Eso les hacía estar enganchados a las redes sociales (una especie de tablones digitales como los de las ferias de ganado), a viajar compulsivamente por los lugares más masificados de la Tierra y tardar quince minutos en decidir el sabor de los helados (cubiletes de leche de rata semicongelada con azúcar y aditivos químicos que se comía la gente después del almuerzo).

Pues bien, al parecer ese tal FOMO sigue contagiándose y me lo ha debido de pegar mi vecino, porque soy incapaz de decidir si me voy de vacaciones a Mercurio o a Plutón. Todas las opiniones que leo se contradicen.

En Mercurio hay buena gastronomía y chicas guapas con trajes espaciales ceñidos al cuerpo, pero a mí el calor me sienta regular y me provoca diarrea. En Plutón, en cambio, hace un frío del carajo, aunque el turismo de planetas enanos me parece mucho más interesante, pudiendo desconectar un rato del Sistema Solar.

No sé qué hacer. Para colmo, mi cuñado me ha dicho que la órbita pasada se fue a Júpiter con su familia al parque de atracciones que han abierto en La Gran Mancha Roja, con la noria de 400 km/h, pero no me apetece aguantar a los niños gritando.

Mira, yo creo que me voy a quedar en casa viendo pelis antiguas, que me han recomendado una de un astronauta que llega a Marte, lo dejan tirado, y tiene que cultivar patatas para sobrevivir. Qué tonterías se inventaban... yo no he logrado cultivar ni una en el jardín.

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