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El herbívoro alfa


Cuando se menciona la palabra "herbívoro", nos viene a la mente la típica jirafa atontada o el cervatillo desvalido que solo existen para servir de banquete al depredador de turno. Su existencia se reduce a comer hierba y a corretear un rato para evitar ser comidos después.

Probablemente un zoólogo me crucificara por la descripción que acabo de realizar, pero es necesaria para que aprecie usted la especie de herbívoro que le voy a presentar a continuación. Fíjese bien.




Se trata de un Anquilosaurio, un bicho de 6 toneladas y 6 metros (lo que nos da una tonelada por metro). No le voy a dar muchos más datos, porque esto no es la Wikipedia y a usted, igual que a mí, le importan un bledo los dinosaurios.

Lo importante del Anquilosaurio es que tenía una armadura de hueso con pinchos y un garrote gigante en la cola capaz de partir árboles. Un garrote que utilizaba para hostiar a los depredadores que intentaban convertirlo en su almuerzo.

Y no estamos hablando de depredadores amateur, como un lobillo ovejero o un tigre con modorra, sino del rey de Hollywood, el Tyrannosaurus rex.

El Anquilosaurio pastaba tranquilamente cada mañana, no molestaba a nadie, llevaba una vida apacible y sosegada, como cualquier otro herbívoro. Hasta que le tocaban los cojones.

Tal es así, que el propio ChatGPT responde esto:



"Podrían haber cazado, o al menos intentado". Usted no caza a un Anquilosaurio, por muy T.Rex que sea. Usted lo intenta, y ya se verá cómo acaba el asunto. 

Tenemos mucho que aprender del Anquilosaurio, el único herbívoro que ha puesto en su sitio a los matones del mundo animal. El único que te mira de tú a tú. El único que imparte justicia.

El jodido herbívoro alfa.

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